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E n s a y o s // El cuerpo y el corpus: La traducción de Emily Dickinson
 

El cuerpo y el corpus:
La traducción de Emily Dickinson
Emily Woodman-Maynard

Introducción


En la primera parte de este trabajo me alejaré del análisis “convencional” -- es decir, post-formalista -- de los textos literarios para indagar, específicamente, sobre lo público y lo privado, el cuerpo poético y el cuerpo femenino, en las cartas y poemas de Emily Dickinson. Este análisis utilizará algunos aportes que el psicoanálisis ofrece para estudiar un texto poético en relación con un sujeto enunciador y, a diferencia de los análisis que pretenden ser puramente formalistas o textuales, me atreveré a referirme a textos no literarios escritos por Dickinson, cuestionando la noción de “literatura” como un discurso exclusivamente formal, alejado de la vida de su autora. Ya que Dickinson -- tanto en sus cartas como en sus obra poética -- se construyó a sí misma como sujeto literario, examinaré en varios textos suyos la relación de ese sujeto con los problemas ya mencionados.
Michel Foucault señala que, desde el siglo XIX, la relación entre obra y lenguaje, una relación que pasa por la literatura, “se ha convertido en una relación activa, práctica, por eso mismo, [también] en una relación oscura y profunda entre la obra en el momento en que se hace y el lenguaje mismo” . Un análisis textual examina sólo aquella obra que sea “literaria”; este trabajo, al contrario, indagará tanto sobre la creación de una obra literaria -- el momento en que se hace y el sujeto que la crea -- como el lenguaje mismo.
La segunda parte de este trabajo presentará una nueva traducción al castellano de un poema de Dickinson. La traducción literaria pone en evidencia la íntima relación entre lenguaje, obra y literatura, ya que las mejores traducciones poéticas, según Octavio Paz crean “poemas análogos” al original , mientras las mediocres, aferradas a la interpretación o “comunicación” de un contenido, ya no pertenecen propiamente, en los ojos de Walter Benjamin , a la literatura. Espero que las dificultades en traducir a Dickinson al castellano, dificultades que señalarán los límites infranqueables de la traducción, sugieran la relación mutuamente dependiente de lenguaje, obra, y literatura.

Ser nadie
“I’m Nobody!” -- escribió Emily Dickinson alrededor de 1861, en poema 288:

I’m Nobody! Who are you? Soy Nadie! Quién eres tú?
Are you -- Nobody -- Too? Eres -- Nadie -- También?
Then there’s a pair of us! Entonces somos un par!
Don’t tell! they’d advertise -- you know! No lo cuentes! lo anunciarían -- tú sabes!

How dreary -- to be -- Somebody! Qué tedioso -- ser -- Alguien!
How public -- like a Frog -- Qué público -- como una Rana --
To tell one’s name -- the livelong June -- Contar su nombre -- el Junio entero --
To an admiring Bog ! Al pantano admirador!

Esa negación del ser y del cuerpo en la primera línea (ya que en inglés “nobody” quiere decir “nadie” pero también “no body”: no cuerpo, ningún cuerpo, sin cuerpo), común a las dos voces poéticas, invita al análisis de la construcción del sujeto poético; la mujer y el cuerpo (corpus) poético; y la mujer como poeta.
“I’m Nobody”/”Soy Nadie” expresa la paradoja de una voz que enuncia pero que niega su propia subjetividad y, tomando en cuenta el segundo significado de “nobody”, “no body”, niega su propio cuerpo también. ¿Qué quiere decir la negación del cuerpo cuando es una mujer la que escribe? ¿Cuáles son las implicaciones de ese enunciado, a nivel estético y a nivel corporal?
El lenguaje práctico , por su naturaleza “simbólica”, funciona para comunicar un sentido multidimensional pero inequívoco, por el hecho de que “quien habla lo produce con la intención de expresarse con ello acerca de algo” . Tras la expresión simbólica se funda el “ego trascendental” ya que, en términos husserlianos, “todo acto lingüístico, en la medida en que constituye un significado comunicable a través de una frase (y no hay signo o estructura significante que no lo sean ya de una frase), se sustenta en el ego trascendental” . Pero, como señala Julia Kristeva, en el lenguaje poético, un lenguaje que suele expresar algo que no es necesariamente “un significado comunicable”, la posibilidad de que haya un “ego trascendental” tras ese lenguaje se vuelve incierta. Pues el “elemento heterogéneo” del lenguaje poético -- las ecolalias de los niños, la repetición de sonidos, el ritmo, la entonación -- destruye la función significante del enunciado y con ella el ego trascendental, el sujeto del enunciado .
Sin un “ego trascendental” tras el enunciado, ¿en qué se basa un enunciado? Según Kristeva, no se basa en un sujeto del mundo simbólico, lógico, paternal, posterior a la etapa del espejo, sino que se basa en un no sujeto, en las pulsiones corporales de la etapa anterior al espejo (o en el psicosis). Esta modalidad “semiótica” es “anterior a la nominación, al Uno, al padre y, por consiguiente, connotado como maternal” ya que remite a la etapa de infancia cuando el niño no distingue entre su propio cuerpo y el cuerpo de la madre .
En todo enunciado, explica Kristeva, se encuentran lo simbólico y lo semiótico -- ni siquiera los tratados científicos pueden evitar cierta semiosis -- pero en cuanto a la poesía,

...en ella lo semiótico (lógicamente anterior al signo y a la predicación) es no sólo una coerción, igual que lo simbólico, sino que lo semiótico tiene tendencia a imponerse como coerción mayor en detrimento de las coerciones téticas, predicativas, de la conciencia judicativa del ego. Así, no sólo en todo lenguaje poético las imposiciones del ritmo, por ejemplo, desempeñan una función organizadora que puede llegar a violar ciertas reglas gramaticales de la lengua nacional y a menudo a descuidar la importancia del mensaje ideatorio; en textos recientes estas coerciones semióticas (ritmos, timbres vocálico-fónicos en los simbolistas, pero también disposición gráfica de la página) van acompañadas de elipsis sintácticas llamadas no recuperables: es imposible reconstituir la categoría sintáctica suprimida (objeto o verbo), lo cual torna indecidible el significado del enunciado...

He citado tan extensivamente de este pasaje de Kristeva porque me interesa ver en qué medida funcionan estas propiedades semióticas del lenguaje poético de Emily Dickinson y qué consecuencias puede tener lo semiótico no sólo en su obra poética, sino también en su correspondencia y en la creación de un sujeto poético que trasciende toda su obra.
En Dickinson, hay una notable correlación entre la construcción del sujeto poético -- el “I” de sus poemas -- y la construcción de la figura pública de la poeta. Dickinson, quien sólo publicó siete poemas en toda su vida , sin embargo se mostró preocupada por crear una imagen pública de sí misma. La cuidadosa construcción de su figura en las cartas y poemas mandados a Thomas Wentworth Higginson, una suerte de mentor y guía literario para Dickinson ,, es un indicio de hasta qué punto el sujeto poético y el sujeto público se vieron entrelazados. En una carta de julio 1862, Dickinson escribe:

When I state myself, as the representative of the verse, it does not mean me, but a supposed person.


A pesar de esta advertencia, en sus cartas y poemas es difícil discernir dónde termina la “persona supuesta”, la representante del verso, y dónde comienza Dickinson, la persona histórica.
Higginson, en su artículo de octubre 1891 para la revista norteamericana, The Atlantic Monthly, pretendió dar a conocer, para una audiencia aparentemente ansiosa por saber más sobre la poeta, la correspondencia que ésta había mantenido con él casi treinta años antes. En la trascripción de sus cartas, y los comentarios de Higginson, percibimos cómo Dickinson le dejó “desconcertado” (“bewildered”) a Higginson, a la vez que ella se presentó como humilde, frágil, pequeña -- en fin, un “Nobody”. Aunque el poema 288 no fue incluido entre los poemas que Dickinson mandó a Higginson, éste fue escrito en el mismo período que los primeros poemas que aquél recibió (1859-1862 ), y por lo tanto puede iluminar ciertos aspectos de su creación poética en ese entonces. Los años 1860-1865 fueron los de más productividad poética para Dickinson; en la introducción a la obra completa, Thomas H. Johnson sostiene que la correspondencia entre Dickinson y Higginson se dio en el momento en que la poeta, habiendo escrito ya más de trescientos poemas, buscaba la confirmación de que sí valía la pena su esfuerzo poético. Tanto en los poemas como en la correspondencia, se evidencia la maduración del estilo propio de Dickinson y una creciente voluntad de pensar en su obra más allá de sí misma . Johnson también nota que “Her growing occupation with fame is a striking characteristic of the poems written between 1862 and 1865” y menciona los poemas 406, 709 y 713 como ejemplos de esta temática en la obra de este período . El poema 288, que juega con el ser exterior y el ser interior, también podría considerarse dentro del grupo de poemas que se tratan de la fama.
A primera vista, el poema 288 se parece mucho a una simple rima infantil. Hasta la métrica que ella utiliza, el denominado “common verse” (verso común) en inglés -- es una métrica empleada frecuentemente en los himnos, las baladas, y las rimas infantiles. Verso común -- cuartetos de rima a-b-a-b, con los versos “a” de cuatro acentos o pulsos (“stresses”) y los versos “b” de tres -- puede sonar repetitivo y cantarín, y el empleo de esta forma por Dickinson ha hecho que algunos poemas suyos sean leídos como poemas para niños . El poema 288 -- más allá de la métrica -- por el juego con el lenguaje, por la invitación al otro (“I am Nobody! Who are you?” -- la primera frase acentuada por el punto de exclamación, la pregunta inocente dirigida hacia un otro) y por el tono conspiratorio (“Then there’s a pair of us!” y “Don’t tell!”), ha sido considerado como uno de los poemas más infantiles e inocuas de Dickinson. Sin embargo, esta declaración de no entidad, no corporalidad, sirve para examinar la construcción del sujeto poético tanto en la obra poética de Dickinson como en su correspondencia con Higginson.
En las cartas a Higginson, hay algo de esa confianza en el otro, esa invitación a compartir el mismo espacio -- o no espacio -- del poema 288. Cito acá la primera carta de Dickinson a Higginson:

MR. HIGGINSON, -- Are you too deeply occupied to say if my verse is alive? The mind is so near itself it cannot see distinctly, and I have none to ask.
Should you think it breathed, and had you the leisure to tell me, I should feel quick gratitude.
If I make the mistake, that you dared to tell me would give me sincere honor toward you.
I inclose my name, asking you, if you please, sir, to tell me what is true?
That you will not betray me it is needless to ask, since honor is its own pawn.


En esta primera carta Dickinson ni siquiera firma su nombre, sino que lo incluye en otro sobre dentro de la carta. Higginson nota cómo, a lo largo de su correspondencia, Dickinson se le va acercando progresivamente, con firmas que van desde lo inexistente hasta “Your friend, E. Dickinson” de la segunda carta, “YOUR SCHOLAR” de la carta de julio 1862 y, en el invierno de 1862-1863, la sugestiva “YOUR GNOME”. Dickinson muestra la tendencia de posicionarse como la ignorante, la humilde, la pequeña. En momentos se refiere a sí misma como la “scholar” (estudiante) y a Higginson como un “preceptor” . Siempre le trata con mucho respecto y deferencia, negándose hasta el espacio que ella misma ocupa:

Would you have time to be the “friend” you should think I need? I have a little shape: it would not crowd your desk, nor make much racket as the mouse that dents your galleries.


En otra metáfora que ella utiliza para caracterizar su relación con Higginson, se destaca el tratamiento castigador hacia el propio sujeto enunciador. Al pedirle una estimación o una crítica de su obra, Dickinson describe el proceso en términos quirúrgicos:

Will you tell me my fault, frankly as to yourself, for I had rather wince than die. Men do not call the surgeon to commend the bone, but to set it, sir, and fracture within in more critical. And for this, preceptor, I shall bring you obedience, the blossom from my garden, and every gratitude I know.


En una carta escrita casi ocho años después, ella sigue con la metáfora:

If I still entreat you to teach me, are you much displeased? I will be patient, constant, never reject your knife, and should my slowness goad you, you knew [that] before myself.


El poema y la poeta -- el cuerpo poético y el cuerpo físico -- parecen requerir la intervención violenta de otro para que vivan. Lo llamativo es que a pesar de pedir con tanto vehemencia que la corrija Higginson, Dickinson rara vez cambia sus poemas según sus sugerencias. Él nota que

It would seem that at first I tried a little,--a very little--to lead her in the direction of rules and traditions; but I fear it was only perfunctory, and that she interested me more in her--so to speak-- unregenerate condition. Still, she recognizes the endeavor. In this case, as will be seen, I called her attention to the fact that while she took pains to correct the spelling of a word, she was utterly careless of greater irregularities. It will be seen by her answer that with her usual naive adroitness she turns my point.


Sigo con la susodicha carta de Dickinson:

DEAR FRIEND,--Are these more orderly? I thank you for the truth.
I had no monarch in life, and cannot rule myself and when I try to organize, my little forces explodes and leaves me bare and charred.
I think you called me “wayward.” Will you help me improve?
I suppose the pride that stops the breath, in the core of the woods, is not of ourself.
You say I confess the little mistake, and omit the large. Because I can see orthography; but the ignorance out of sight is my preceptor’s charge...


Le pide su ayuda, pero después la rechaza o la olvida, y sigue escribiendo en el mismo estilo “spasmotic” y “uncontrolled” de los primeros poemas enviados a Higginson. Lo invita a compartir con ella su espacio poético, pero él queda exiliado por su propia incapacidad de entrar en él.
Describiendo su primera reunión, Higginson señala el contraste entre sus confesiones habladas “very timidly and suggestively” y otras frases

so emphasized as to seem the very wantonness of over-statemente, as if she pleased herself with putting into words what the most extravagant might possible think without saying...


Dickinson invita la confianza y después se retrae; parece exponerlo todo pero se protege en la metáfora y la alusión. Establece una correspondencia con un hombre desconocido pero rechaza la idea de publicar sus poemas, “that being foreign to [her] thought as firmament to fin” .
Dickinson tampoco permite que le tomen una fotografía para preservar su imagen despúes de su muerte. Cuando Higginson pide una, le responde:

Can you believe me without? I had no portrait, now, but am small, like the wren; and my hair is bold, like the chesnut bur; and my eyes, like the sherry in the glass, that the guest leave. Would this do just as well?
It often alarms father. He says death might occur, and he has moulds of all the rest, but has no mould of me; but I noticed the quick wore off these things, in a few days, and forestall the dishonor. You will think no caprice of me .


Que Emily Dickinson era de poco porte, de presencia casi infantil, era un rasgo que ella misma acentuaba al vestirse frecuentemente de blanco. Al conocerla por primera vez, Higginson nota que:

After a little delay, I heard an extremely faint and pattering footstep like that of a child, in the hall, and in glided, almost noiselessly, a plain, shy little person...She had a quaint and nun-like look, as if she might be a German canoness of some religious order, whose prescribed garb was white pique, with a blue net worsted shawl. She came towards me with two day-lilies, which she put in a childlike way into my hand, saying softly, under her breath, “These are my introduction,” and adding, also, under her breath, in childlike fashion, “Forgive me if I am frightened; I never see strangers, and hardly know what I say.


Esta presentación dramática por parte de Dickinson no puede haber sido una gran sorpresa para Higginson, acostumbrado, a través de las cartas, a una figura por un lado auto-denigrante, pero por otro hasta audaz.
Esta audacia se da, quizás, más evidentemente en los poemas que Dickinson incluye con sus cartas a Higginson. Pues a pesar de demostrar un fuerte deseo de aprender de Higginson, los poemas de Dickinson, por la fuerte presencia de lo semiótico en ellos, son demasiado incontrolables para ese “cirujano”. Él mismo admitió que, en referencia a la abeja huidiza de poema 319,

The bee himself did not evade the schoolboy more than she evaded me; and even at this day I still stand somewhat bewildered, like the boy.


Después de la muerte de la poeta, su hermana Lavinia les pidió a Higginson y a Mabel Loomis Todd, la esposa de un profesor de Amherst College, que prepararan el primer libro de poemas de Emily Dickinson, publicado póstumamente, en 1890 . Tanto en esta edición como en el artículo que Higginson publica un año después en The Atlantic Monthly, Higginson se encarga de “corregir” lo que él percibe como simples errores en los poemas. Refiriéndose a las cartas de Dickinson, Higginson nota:

Of punctuation there was little; she used chiefly dashes, and it has been thought better, in printing these letter, as with her poems, to give them the benefit in this respect of the ordinary usages; and so with her habit as to capitalization, as the printers call it, in which she followed the Old English and present German method of thus distinguishing every noun sustantive.


En cuanto a su poesía, toma una posición aún más estridente, hablando de esa “defiance of form, never through carelessness, and never precisely from whim, which so marked her”. Es esa resistencia de forma la que, según él la interpreta, reclama un arreglo, una ordenación, una contención. Higginson no se niega esa responsabilidad, como es evidente al comparar dos versiones del poema 828, un poema que Dickinson le manda en 1862 o 1863, cuando él sirve en el ejército durante la Guerra de Secesión. Mientras la versión manuscrita es ejemplar del estilo de Dickinson, con sus característicos guiones y letras mayúsculas, su imprecisa rima “sesgada” (“slant rhyme” ) y su métrica marcada y tartamuda, en la versión que Higginson incluye en su artículo ya se ven los cortes hechos por el filo del cirujano:

Poema 828 (manuscrito ) Poema 828 (versión de Higginson )

The Robin is the One The robin is the one
That interrupt the Morn That interrupts the morn
With hurried -- few -- express Reports With hurried, few, express reports
When March is scarcely on -- When March is scarcely on.

The Robin is the One The robin is the one
That overflow the Noon That overflows the noon
With her cherubic quantity -- With her cherubic quantity,
An April but begun -- An April but begun.

The Robin is the One The robin is the one
That speechless from her Nest That, speechless from her nest,
Submit that Home -- and Certainty Submits that home and certainty
And Sanctity, are best And sanctity are best.


En esta y en otras ocasiones Higginson expresa una actitud frente los poemas de Dickinson cual si tuviera la necesidad de traducirlos interpretativamente para su audiencia y para él mismo. Él lo considera un problema, “nunca resuelto”, de “que lugar debería ocupar en la literatura algo tan extraordinario, pero también tan elusivo de la crítica” . Sin poder “criticar” la obra de Dickinson, Higginson se conforma con interpretarla, eliminando cuanto pueda los procedimientos semióticos de sus poemas para hacerlos conformar a cierto concepto de poesía propio a su época. Pero Dickinson, anticipando el gran cambio que ocurriría en el siglo XX en la poesía angloamericana, no dejar de emplear lo semiótico, suscitando una conexión con el cuerpo maternal que resulta interesante en cuanto a su poema “I’m Nobody”.
Por su trabajo con los procesos semióticos, el poeta, sostiene Julia Kristeva, crea “un nuevo ‘universo del escritor’, formal o ideológico; la producción jamás concluida, indefinida, de un nuevo espacio de significancia” . La instalación del poeta en este nuevo espacio, si bien no resulta de un traslado físico, podría ser vista como una suerte de exilio, en cuanto el poeta habita una zona lingüística desconocida por los de su alrededor.
En una carta a Higginson, Dickinson explica la singularidad de su modo de vivir, su aislamiento de la comunidad de Amherst, su impresión de ser una “emigrante” cuando sale de su casa:

You noticed my dwelling alone. To an emigrant, country is idle except it be his own. You speak kindly of seeing me; could it please your convenience to come so far as Amherst, I should be very glad, but I do not cross my father’s ground to any house or town.


Dickinson delimita muy precisamente la frontera entre su mundo y el mundo exterior: “No cruzo el terreno de mi padre para ir a ninguna casa ni pueblo”. La poeta, quien rara vez salió de su casa como adulta, sintiéndose una “emigrante” en otro espacio, creyó su propio lenguaje y propio “universo” dentro de la misma casa donde nació. Este recinto es
sumamente femenino: más allá de la casa y su jardín, es el “terreno” (ground) de su padre lo que establece el límite entre este mundo y el mundo exterior.
Si para la exiliada o emigrante que adopta otra lengua, “hay algo de matricidio en el abandono de la lengua materna” , ¿qué quiere decir lo opuesto -- el intento de adentrarse en la lengua materna, el espacio materno, el cuerpo materno? Si ninguna lengua nos pertenece, ni siquiera la lengua materna, si, según Jacques Derrida, “no hay propiedad natural de la lengua, [que] no da lugar más que a la furia apropiadora, a los celos sin apropiación” , entonces, ¿es posible volver al momento presimbólico a través del lenguaje poético? ¿O es cualquier intento de apropiarse de una lengua originaria, semiótica, destinado a fracasar ya que, como afirma Kristeva, cualquier enunciado poético tiene tanto de simbólico como de semiótico?
La creación de un lenguaje poético, de un nuevo universo del escritor, por cuanto quisiera aproximarse al lenguaje presimbólico, necesariamente requiere el empleo de procedimientos simbólicos. El universo poético lo cohabitan lo semiótico y lo simbólico, lo cual evidencia la imposibilidad de volver a la etapa prelingüística, pulsional, una vez que el sujeto haya aprendido a hablar. Aún habitando el espacio maternal -- aún utilizando un lenguaje poético que, por ser semiótico, remite al cuerpo materno, al momento cuando el niño no distingue entre su cuerpo y el cuerpo de su madre -- hay algo de matricidio en la creación de un lenguaje propio, algo de esos “celos desatados” que Derrida encuentra en la lengua, una lengua de la cual una no se puede liberar ni poseer . Si bien Emily Dickinson no adoptó una lengua extranjera, si bien no experimentó el desarraigo geográfico que vivió Melanie Klein, es válido comparar la relación que aquella tuvo con la lengua materna con la de la psicoanalista exiliada, ya que los exiliados y los poetas ejemplifican la alienación que uno siente aun dentro de la propia lengua. Kristeva, acerca de la relación que Klein tuvo con su lengua materna, sostiene que

...la lengua materna, desde el lugar donde Melanie se ubica (el no-lugar donde ella se ubica, en las travesías de la identidad), es ya una lengua extranjera. Hay ya algo extraño en lo familiar, la inquietante extrañeza de la madre que se oculta. ¿Sería acaso posible oír a la madre de la madre, ir hasta donde ya no hay ningún allí, ningún “ella” ni ningún “lugar”, solo un caos de sensaciones, un desborde, un desmantelamiento, una intimidad adhesiva, una catástrofe del ser? Un amor sin piedad a la coexitación madre-bebé, a lo presíquico...


Justamente señalo este pasaje de Kristeva porque me parece sumamente interesante en cuanto a la relación que Dickinson establece con su lengua materna a través de la poesía. Como una exiliada, la poeta trabaja con el lenguaje en tal manera que haya “ya algo extraño en lo familiar”, más extraño aún porque es la “inquietante extrañeza de la madre que se oculta”, del origen escindido, de la “travesía de identidades”. Hay algo de querer recuperar el cuerpo materno a la vez que destruirlo, reemplazarlo por el propio cuerpo, la propia lengua, en Dickinson.
La “escritura”, sí: entre otras cosas, se designaría así cierto modo de apropiación amante y desesperada de la lengua, y a través de ella de una palabra tan interdictora como interdicta…y a través de ellade todo idioma interdicto, la venganza amorosa y celosa de un nuevo adiestramiento que intenta restaurar la lengua, y creo que reinventarla a la vez, darle por fin una forma (en principio deformarla, reformarla, transformarla), y de tal modo hacerla pagar el tributo de la interdicción o, lo que sin duda viene a ser lo mismo, satisfacer ante ella el precio de la interdicción. Esto da lugar a extrañas ceremonias, celebraciones secretas e inconfesables. Por lo tanto a operacions cifradas, a una palabra sellada que circula en la lengua de todos.


Y, a la vez, en esta extraña ceremonia, celebración secreta que fue la poesía de Dickinson, la ubicua puesta en evidencia de esa imposibilidad de restaurar la lengua materna, de esa oscilación entre lo semiótico y lo simbólico, entre el deseo y odio hacia la madre:

I’m Nobody.


Juego infantil que esconde la imposibilidad de que haya un sujeto que hable esta frase, esta paradoja que ningún sujeto puede enunciar racionalmente, ya que al pronunciar las palabras las desmiente. ¿Una frase (simbólica) no requiere siempre un sujeto trascendental? ¿Cómo puede ser ese sujeto un nadie, un no cuerpo? Sin embargo, lo es: pronuncia la frase, y lo semiótico del no-cuerpo, no-identidad, socava la lógica del discurso.
En las cartas a Higginson, sin hablar de los poemas de Dickinson, ella demuestra haber construido un cuerpo propio, un cuerpo hecho de palabras propias que se opone al cuerpo materno y a la lengua materna, un cuerpo que parece haber sobrepasado los límites del padre, la ley que rige la muerte, para existir sin morir, para “ir hasta donde ya no hay ningún allí, ningún ‘ella’ ni ningún ‘lugar’ ”:

A letter alway feels to me like immortality because it is the mind alone without corporeal friend. Indebted in our talk to attitude and accent, there seems to be a spectral power in the thought that walks alone.


La letra, liberada del cuerpo, alcanza la inmortalidad. “Are you too deeply occupied,” escribió Dickinson a Higginson, “to say if my verse is alive?” Fuera de la actitud y el acento prestados por el habla, el pensamiento tiene su propio poder -- camina solo, cobra vida e independencia. Y después, el pensamiento -- pensamiento estructurado por la lengua, como lo ha comprado la lingüística -- vuelve a interferir en el cuerpo:

If I read a book and it makes my whole body so cold no fire can ever warm me, I know that is poetry. If I feel physically as if the top of my head were taken off, I know that is poetry. These are the only ways I know it. Is there any other way?


El cuerpo canta para oponerse a la muerte: “I had a terror since September, I could tell to none; and so I sing, as the boy does of the burying ground, because I am afraid.”
En “Más allá del principio de placer”, Freud compara el juego infantil con el “juego artístico de los adultos”, demostrando que “también bajo el dominio del principio de placer existen medios y caminos suficientes para convertir en objeto del recuerdo y de la elaboración psíquica lo desagradable en sí” -- lo desagradable siendo, si no se trata de un caso traumático, lo que más se acerca a la inestabilidad . Pero dada la tragedia originaria de cada ser humano -- el diferenciarse del cuerpo materno, ser despojado de ese estado pulsional para entrar en el mundo simbólico del padre -- toda persona está sujeta a otras fuerzas que se oponen al principio de placer, fuerzas que lo subvierten para acceder a las pulsiones originarias a través de la repetición.
Frente la apertura que proviene del exilio (o del lenguaje poético), “la apertura que desequilibra y está en consonancia con la pérdida de uno mismo”, el sujeto escoge “el encierro, que resguarda y compensa los riesgos”. Melanie Klein combate su “pérdida de hábitat”, su pérdida de lenguaje, con casas que las “acondicion[a] de manera cada vez más confortable y lujosa”. Dickinson, me atrevo a sugerir, frente un nuevo universo poético -- un nuevo cuerpo -- elige el encierro en su casa natal. Como Klein, su trabajo consiste en “visitar el lugar del dolor, el desarraigo originario: no de reprimirlo para reconstruir rápidamente el hábitat, sino de ‘habitar’ el ‘deshabitar’, la separación primordial”, ya que en su poesía es evidente la tensión entre lo semiótico y lo simbólico, la imposible resolución del sujeto con el cuerpo materno después de su entrada al lenguaje. En luto perpetuo por la pérdida originaria, la creación poética expone esa pérdida a la vez que demuestra la imposibilidad de recuperar el origen. Como el petirrojo del poema 828, criatura extraordinaria que ora interrumpe la mañana (“interrupt the Morn”), ora sobrepasa el mediodía (“overflow the noon”), la poeta, sin habla (“speechless”) en su letra, admite que para trascender el cuerpo, romper la lengua, no hay mejor lugar que el primer lugar.

Notas sobre la traducción
Emily Dickinson: Poema 288
Original Nueva traducción

I’m Nobody! Who are you? Soy Nadie! Quién eres tú?
Are you -- Nobody -- Too? Eres -- Nadie -- También?
Then there’s a pair of us! Entonces somos un par!
Don’t tell! they’d advertise -- you know! No lo cuentes! lo anunciarían -- tú sabes!

How dreary -- to be -- Somebody! Qué tedioso -- ser -- Alguien!
How public -- like a Frog -- Qué público -- como una Rana --
To tell one’s name -- the livelong June -- Contar su nombre -- el Junio entero --
To an admiring Bog ! Al pantano admirador!

Sin duda, la mayor dificultad en traducir este poema del inglés al castellano consiste en cómo resolver la primera frase: “I’m Nobody!” Literalmente, por su significado, el pronombre indefinido nobody en inglés equivale a nadie en castellano. Sin embargo, en la construcción de oraciones negativas que usan pronombres indefinidos, el inglés difiere marcadamente del castellano. En inglés se evita el uso del llamado “double negative” (“doble negación”) en una oración. El doble negativo es, según Random House Webster’s Unabridged Dictionary, “a syntactic construction in which two negative words are used in the same clause to express a single negation” y, en inglés contemporáneo, es una construcción no estándar:

...uses of double or multiple negation to reinforce or strengthen a negative are universally considered nonstandard in modern English: They never paid me no money. He didn't have nothing to do with it. They do not occur in educated speech or writing, where any and anything would be substituted for no and nothing in such examples.


En castellano, sin embargo, la doble negación se emplea obligatoriamente en ciertas construcciones. Por ejemplo, al consultar la Gramática didáctica del español, de Leonardo Gómez Torrego, descubrimos que la oración “I’m Nobody”, traducida al castellano, parece exigir el uso de la doble negación:

Las formas negativas nadie y nada, cuando preceden al verbo, no necesitan de otra negación. Ejemplos:
Nada hay tan importante. Nadie quiso comer.
Sin embargo, cuando siguen al verbo es obligada la presencia de un adverbio negativo (no, nunca) precediendo al verbo. Ejemplos:
Nunca hay nada tan importante. No quiso comer nada.
En los dos casos, se mantiene el valor negativo de nadie y nada, frente al afirmativo de alguien alguien y algo.


De todos modos, en mi traducción al castellano he elegido seguir el uso inglés, que no obliga la presencia de un adverbio negativo antes del verbo. Dado que Nobody tiene mayúscula, permite considerar el adverbio como un sustantivo; más encima, por cómo la emplea Dickinson, esta palabra cobra sentido como un nombre propio. “I’m Nobody” puede leerse, con la mayúscula, como “Me llamo Nadie”. Es imposible mantener ese juego semántico con la traducción “No soy Nadie”. Al contrario: el juego se prolifera con la traducción “Soy Nadie” ya que en la misma construcción no estándar del castellano se produce el desconcierto necesario para considerar Nadie con otro significado que el del adverbio.
Al traducir la contracción I’m (= I am) a Soy (en oposición al más extendido Yo soy), se mantiene la brevedad y síntesis de la contracción verbal original, ya que en castellano se opera una contracción parecida en la conjugación de los verbos. En castellano, el verbo, en su forma conjugada, ya marca el sujeto y una oración no exige la presencia de un sujeto como en inglés, permitiendo una brevedad de expresión que me parece apropiada en Dickinson, dado su tendencia de utilizar pocas palabras que, según se leen, remiten a múltiples interpretaciones.
Después de la primera línea, la traducción del poema de Dickinson presenta problemas de tipo más bien semántico y sintáctico. Aquí sigue un breve análisis de algunas elecciones semánticas en mi traducción del poema 288.
En inglés, dreary cuenta entre sus sinónimos tedious, que enfatiza el aspecto aburrido, monótono del adjetivo, en lugar de insistir en lo lúgubre, lo gris que dreary puede implicar también. Sin embargo, en castellano el adjetivo del mismo origen que tedious, tedioso, parece ser un buen reemplazo por dreary ya que tedio, según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, cuenta entre sus significados tanto “aburrimiento extremo” como “gran pesar”. Más adelante, el adjetivo livelong, que en inglés quiere decir “whole or entire”, puede traducirse literalmente a “entero” pero se pierde el matiz de “tediously long, slow in passing” que livelong tiene en inglés. Aquí, entre dreary y livelong hay una correspondencia de sentido que se pierde en la traducción, en cuanto las dos palabras remiten a lo aburrido. Al elegir tedioso, cuyo significado predominante es aburrido, se compensa por la pérdida de aburrido entre livelong y entero. Quizás acá, en la ruta trazada entre dreary y tedious, tedious y tedioso, tedioso y livelong, en el juego entre los significados del inglés y del castellano, se evidencia lo que Walter Benjamin denomina “la íntima relación que guardan los idiomas entre sí” .
En cuanto a bog, prefiero pantano ante ciénaga o charca ya que tanto en inglés como en castellano, los sustantivos bog y pantano devienen verbos que quieren decir “quedar atascado en” --to bog down, en inglés; empantanarse en castellano.
Sigo a Walter Benjamin quien, en “La tarea del traductor”, considera la traducción no como la comunicación de un contenido específico, sino como el intento de producir en el idioma de llegada el mismo efecto que en el idioma original. Si consideramos que “la traducción es ante todo una forma” , que la obra “consiente una traducción y, por consiguiente, la exige, de acuerdo con la significación de su forma”, la traducción debería buscar representar no sólo el significado del texto original, sino también su forma. Por esta razón he elegido mantener no sólo las mayúsculas del poema original, sino también la sintaxis y las marcas de puntuación, a pesar de ser éstas formas no convencionales en el castellano.
Para respaldar una traducción que mantiene las formas originales, como los guiones y letras mayúsculas en Dickinson, remito otra vez a Benjamin:

Sólo cuando el sentido de una forma idiomática puede construirse de manera idéntica a la de su comunicación queda todavía algo terminante y definitivo, muy semejante y, sin embargo, infinitivamente distinto, oculto debajo de ella o, mejor dicho, debilitado o fortalecido por ella, pero que va más allá de la comunicación.


Siempre queda algo “debilitado” o algo “fortalecido” por la traducción, algo que pone en evidencia el fracaso inevitable de la “tarea del traductor”. No obstante, algunas traducciones se alejan más del original que otras, que se orientan hacia una glosa, una interpretación o una comunicación de la obra original.
En otras traducciones del mismo poema de Dickinson, realizadas por José Manuel Arango y Silvina Ocampo, se evidencia la pérdida de algunos procedimientos del original:
Poema 288 (Arango ) Poema 288 (Silvina Ocampo )

Soy nadie. ¿Tú quien eres? ¡Soy nadie! ¿Quién eres?
¿Eres tú también nadie? ¿Eres -- nadie -- también?
Ya somos dos entonces. No lo digas: ¡Somos entonces un par!
Lo contarían, sabes -- No lo digas son capaces de descubrirnos -- lo sabes.

Qué tristeza ser alguien, ¡Qué horrible -- ser --alguien!
qué público: como una rana Qué impudicia -- como una rana --
decir el propio nombre junio entero decir vuestro nombre -- todo el santo día --
para una charca admiradora. a un admirativo pantano.


Como Thomas Wentworth Higginson, el primer editor de los poemas de Dickinson, Arango estandardiza algunos procedimientos propios al lenguaje semiótico en Dickinson: utiliza comas y puntos en lugar de los guiones preferidos por Dickinson, por ejemplo, y cambia significativamente el orden de las palabras y consecuentemente la relación de las palabras entre sí. Ocampo respeta más la sintaxis, puntuación y brevedad del original, interpretando menos que Arango el sentido de las frases, pero esta traductora tampoco mantiene las letras mayúsculas de Dickinson. Sin respetar las mayúsculas del original, los sustantivos pierden el matiz semántico que las mayúsculas les habían dado en inglés. Por ejemplo, al escribir Nobody dos veces con N mayúscula, Dickinson permite que el pronombre nobody sirva tanto como nombre propio (Nobody personificado) como concepto (nadie). Por lo tanto, la letra mayúscula enfatiza el juego entre el ser y el no ser, el sujeto que enuncia su nombre y el predicado que niega ese sujeto.
Al eliminar los guiones del original -- tan importantes para marcar el ritmo, sintaxis y énfasis semántico en los poemas de Dickinson -- Arango se aleja aún más del poema original de Dickinson en cuanto su traducción es más una interpretación que el intento de “encontrar en la lengua a la que se traduce una actitud que pueda despertar en dicha lengua un eco del original” .
A pesar de la bien conocida dificultad de traducir la métrica de un idioma a otro, al mantener los guiones de Dickinson en una traducción hay, por lo menos, un mejor intento de acercarse al afecto producido por el original. Además, si el traductor elige, como Dickinson, utilizar los guiones para permitir una ambigüedad sintáctica, en la traducción se elimina la necesidad de “explicar” una sintaxis difícil y el lenguaje se acerca más a la forma original. Fíjese, por ejemplo, en la torpeza de un verso sin guiones en comparación con una traducción más fiel:

Dickinson: Are you -- Nobody -- Too?

Arango: ¿Eres tú también nadie?

Mi versión: Eres -- Nadie -- También?

Esta nueva versión (muy parecida a la de Ocampo, si no fuera por la ausencia de mayúsculas en su versión) no sólo imita la sintaxis del original, sino también mantiene la brevedad del original al eliminar el “tú” de la pregunta, produciendo en castellano un afecto muy parecido al del inglés, de palabras pausadas, ideas truncadas, un cierto aire infantil y entrecortado, casi jadeante, en el verso.
Según Octavio Paz en Traducción: Literatura y literalidad, “la traducción poética...es una operación análoga a la creación poética, sólo que se despliega en sentido inverso”; siempre para el buen traductor, “su punto de llegada es un poema análogo, ya que no idéntico, al poema original” . Una traducción que es más una glosa que una creación poética en sí no aspirar a lo que Benjamin llamaría “el ámbito predestinado e inaccesible donde se realiza la reconciliación y la perfección de las lenguas” , pero tampoco logra “comunicar” el sentido del original, ya que el sentido no está en el contenido, sino en el conjunto de contenido y forma que es la creación poética, una creación que no busca un destinatario.
Benjamin ignora el destinatario del poema, ya que

el concepto de un destinatario <<ideal>> es nocivo para todas las explicaciones teóricas sobre el arte, porque éstas han de limitarse a suponer principalmente la existencia y la naturaleza del ser humano. De tal suerte, el arte propiamente dicho presupone el carácter físico y espiritual del hombre; pero no existe ninguna obra de arte que trate de atraer su atención, porque ningún poema está dedicado al lector, ningún cuadro a quien lo contempla, ni sinfonía alguna a quienes la escuchan.


Según este concepto del arte, quizás otra evidencia de que la obra de Emily Dickinson sea verdadero arte yace en el hecho de que no escribió su obra para una audiencia, sino que produjo, trabajando en soledad, un vasto corpus de 1775 poemas sin que la mayoría circulara durante su vida . Algunos poemas sí destinó para amigos y familia, pero hay que destacar la naturaleza sumamente personal de la poesía de Dickinson, en cuanto ésta rara vez eligió compartir sus poemas con otras personas.
En Poema 288, donde lo público se asocia con lo tedioso, y lo privado -- el no-ser, el Nobody -- cuidadosamente guarda su secreta soledad, la voz narrativa rechaza la importancia de tener un público, cediéndolo una posición admiradora pero, al fin, dreary y hasta pantanoso. Nobody -- y su compañero selecto -- parecen preferir la existencia marginal a la soberbia repetición de su propio nombre para una audiencia común. Este poema, que probablemente fue leído por otros sólo después de la muerte de su autora, quizás no tuvo nunca destinatario. Por lo tanto, tampoco exige ser “comunicado” al castellano. Sin embargo, para entrar en lo que es, para Octavio Paz, la red de textos y contratextos, críticas y glosas, análisis y derivaciones que permite una suerte de diálogo entre textos poéticos, el texto exige su propia traducción.


Bibliografía

Arango, José Manuel. Editor y traductor, Tres poetas norteamericanos: Whitman, Dickinson, Williams, Bogotá, Editorial Norma, 1991
Arvatov, Boris (1923). “Lenguaje poético y lenguaje práctico (Para una metodología de los estudios artísticos)”, tomado de Rassegna sovietica, no. 2, 1968, pp. 154-165. Traducción: Jorge Panesi para la Cátedra de Teoría y Análisis Literario de la Universidad de Buenos Aires.
Benjamin, Walter (1923). “La tarea del traductor”, en Textos clásicos de la teoría de la traducción, Ed. Miguel Ángel Vega, Madrid, Cátedra, pp. 285-296.
Dickinson, Emily. The Complete Poems of Emily Dickinson, Ed. Thomas H. Johnson, New York, Little, Brown and Company, 1960.
Foucault, Michel. “Lenguaje y literatura”, en De lenguaje y literatura. Barcelona, Paidós, 1996, pp. 63-103.
Freud, Sigmund (1920). “Más allá del principio de placer”, en Obras completas, vol. 13, Buenos Aires, Hyspamérica, 1988, pp. 2507-2541.
Higginson, Thomas Wentworth. “Emily Dickinson’s Letters”, en The Atlantic Monthly, octubre 1891, vol. 68, no. 4, pp. 444-456. Versión electrónica (2 diciembre 2003): http://www.theatlantic.com/unbound/poetry/emilyd/edletter.htm
Johnson, Thomas H. “Introduction: The Creative Years” a The Complete Poems of Emily Dickinson, New York, Little, Brown and Company, 1960, pp. v-xi.
Kristeva, Julia (1976). “El sujeto en cuestión”, en Seminario: La identidad, Ed. C. Lévi- Strauss, Barcelona, Petrel, 1981, pp. 249-287.
----------“IX. De la lengua extranjera a las redes de los fieles y los infieles” en El genio femenino: La vida, la locura, las palabras: 2. Melanie Klein, Buenos Aires, Paidós, 2000, pp.216-236.
McNeil, Helen. “Introduction” a Emily Dickinson, New York, Pantheon Books, 1986, pp. 1-8.
Ocampo, Silvina. Selección y traducción de Emily Dickinson: Poemas, Buenos Aires, Tusquets, 1985.
Paz, Octavio (1970). Traducción: Literatura y literalidad, Barcelona, Tusquets, 1990.
Rich, Adrienne. “El Vesuvio en casa: El poder de Emily Dickinson” (1975), en On Lies, Secrets, and Silence. Traducción: Constanza Cordoni para la Cátedra de Literatura Norteamericana de la Universidad de Buenos Aires.

Diccionarios:
Castellano-castellano: Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, Buenos Aires, Espasa Calpe, 2001.
Inglés-inglés: Random House Webster’s Unabridged Dictionary, New York, Random House, 1999.
Inglés-castellano: Harper Collins Spanish Unabridged Dictionary, New York, Harper Collins, 2000.


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