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Trabajo: Sylvia
Plath: Una autora mujer
Apéndice con traducciones de poemas
de Sylvia Plath
Autor: Carlos Gradin
Trabajo
realizado para el Seminario “Poesía
y Traducción”, 2003 (UBA) a cargo
de la Profesora Delfina Muschietti
Las poesías de Plath
pueden leerse como composiciones que recrean
situaciones existenciales. La lengua de la
escritura recibe el impacto de acontecimientos
y coordenadas que le determinan cierto campo
de trabajo, y ese campo que se hace presente
en la lengua poética de Plath puede
pensarse como los materiales que dan lugar
a que cierta experiencia tenga lugar. En este
caso se trataría de la condición
femenina vivida como experiencia a partir
de ciertas marcas que se repiten: la soledad,
el extrañamiento de la vida social,
lo femenino como imposición, y como
oscilación entre sus rasgos más
estereotipados (la delicadeza, lo frágil,
lo sensible, y también aquello a lo
que responde un ama de casa) y otros rasgos
que disparan series que prosiguen hacia imágenes
de dolor, muerte, desolación. Se trataría
de una experiencia que se recompone como incrustaciones
simultáneas de dos campos de alguna
manera antagonistas: lo femenino que se experimenta
como placentero (“Caprichos de chocolate
en habitaciones empapeladas de rosa”),
y lo femenino que se fuga hacia lo desolador
y siniestro (“gardenias descomponiéndose
en una cripta”). El material que Plath
toma para su escritura está compuesto
de estas dos zonas de la experiencia de “lo
femenino” (de cierta experiencia que
en este caso correspondería a lo que
la voz de estas poesísas pretende recrear,
imaginar), pero que no se constituye como
objeto de observación, estudio, escritura
poética, salvo en la intersección
de estas zonas que no dejan de incrustarse
una en la otra. ¿Qué es lo femenino?
¿Qué es lo que opone resistencia
a lo femenino? Las poesías de Plath
podrían leerse como el enfrentamiento,
la puesta en escena o en escritura del enfrentamiento
de una experiencia que recorre el mundo con
dificultades (“Entonces ella llega a
este raro paso / Por donde avanza en sangre
a través de sol y tempestad”).
En muchas ocasiones en Plath la voz poética
parece estar surgiendo en contra de fuerzas
adversas, como en el poema “Canción
de calle”, donde esa voz parece dar
cuenta de un asedio contra sí: “Por
un loco milagro yo voy intacta”. Esta
situación determina una experiencia
de lo inestable y precario, que produciría
el campo de la escritura en esa indecibilidad,
imposibilidad de afirmarse en cierto sustento
de la experiencia de lo femenino.
En los poemas se construyen
entornos espaciales a través de descripciones
minuciosas que se detienen en detalles de
experiencias sensoriales de conmoción,
la irrupción de un gigante, la carne
ensangrentada de la carnicería, el
olor de las gardenias que se descomponen.
La voz de los poemas marca una distancia respecto
de aquello que rodea a la figura femenina,
pero que a la vez constituye una distancia
que no se puede sostener. Por un lado las
palabras con que se evoca el entorno colocan
apartada a la figura de la mujer, como poniendo
en juego una brecha entre ella y lo que la
rodea: la extrañeza con la que se describe
a la Reina respecto de su corte y su pueblo,
y la manera en que se presenta separada de
la cotidianeidad la voz que habla en “Canción
de calle”. Al mismo tiempo eso que se
enuncia como extraño, exterior amenazante,
se muestra en los poemas bajo el régimen
de lo que se hace presente inevitablemente.
La voz se constituye en una tensión
entre la enunciación de lo que produce
extrañeza, y el sometimiento de la
figura femenina a lo que la rodea sin posibilidad
de sustracción. Los tres poemas elegidos
terminan actualizando ese exterior que se
asoma a la interioridad que se había
intentado construir sin éxito. De ahí
el tono general de fracaso. Y también,
la precariedad y fragilidad con que se describe
el lugar habitado por lo femenino, crispado
por una amenaza informe.
Poniendo en sucesión los tres poemas
seleccionados (“Autora Mujer”,
“El reclamo de la reina” y “Canción
de calle”) puede leerse en ellos modulaciones
de este diseño espacial. En el primero
la interioridad se construye como un espacio
que contiene a una mujer que está sola.
De afuera llega el sonido de la lluvia y de
niños que gritan en la calle. En el
segundo la interioridad se construye por una
irrupción, el gigante que invade la
corte y las tierras de la Reina. En el tercero,
ya no hay interioridad en sí, se trata
de un recorrido por el exterior. Son distintas
maneras de exponer la experiencia de una mujer
ante cierto espacio amenazante, y distintas
formas de configurarse ese espacio amenazante.
Un afuera que llega a través de sonidos
escuchados detrás de la ventana, un
afuera que rompe las ventanas y violenta el
interior, y un afuera en el que la voz se
sumerge. También se trata de modulaciones
distintas de la experiencia generadas desde
mujeres diferentes: una autora que se rodea
de rosas, juegos de ajedrez, piedras preciosas;
una Reina que habita un mundo de fantasía
en el que cabe la posibilidad de enamorarse
de un gigante; y, por último, una mujer
que se ocupa de salir a hacer las compras.
Tres tipologías de mujeres: la artista
recluída en su mundo interior, en una
torre de marfil, con estimulantes para los
sentidos (chocolates, decoración refinada.);
la Reina destinada a abstraerse del mundo
de la Corte para cumplir con su rol, y destinada
a que su amor halle grandes dificultades para
concretarse; y una mujer dedicada a la tarea
cotidiana de comprar comida. Cada figura femenina
se articula con cierto espacio en función
del cual la experiencia que recoge el poema
se produce. A la vez se puede pensar a estas
diferentes experiencias como modulaciones
o configuraciones posibles para trayectos
de existencia (a la manera en que Foucault
habla de trayectos de existencia en su texto
sobre el libro de Binswanger). Allí
Foucault propone entender el fenómeno
del sueño como la puesta en escena
de la situación existencial del soñante
y, como tal, propone interpretarlo como totalidad
en la que los distintos componentes reactualizan
esa situación existencial. Dejando
de lado las categorías que empleaba
el psicoanálisis de Freud, Foucault
pretende dar cuenta del fenómeno del
sueño como la puesta en juego de la
existencia, de alguna manera, dramatizada
en las imágenes oníricas. La
derivación de esta concepción
de los sueños es una teoría
de la imaginación que busca dejar de
entenderla como proyección de imágenes
recuperadas ante las que el sujeto queda relegado
al rol pasivo de espectador, aún si
fuera él mismo el que estuviese imaginando.
Con el replanteo de la teoría psicoanalítica
de los sueños, Foucault abre camino
para proponer una interpretación de
los sueños como aquella instancia en
la que la existencia de los sujetos es no
sólo interpretada en símbolos
que dejan entrever un sentido anterior, entre
los telones del inconsciente que velarían
parcialmente su sentido, sino también
la puesta en juego del trayecto de la existencia
en ese “teatro” donde todo se
refiere a él. La imaginación
tendría su condición de posibilidad
en el sueño y, por eso, se constituiría
bajo el mismo régimen: como la experiencia
en la que aquello que se evoca y el acto de
evocar compromete en sí al sujeto que
la produce y que, por lo tanto, se constituye
en una recuperación, un acercamiento
o puesta en escena de eso que se imagina y,
también, del sujeto que la sostiene.
La imaginación conduce tanto al conocimiento
acerca de su objeto como del sujeto que la
lleva a cabo: esto es así por lo menos
como potencialidad pendiente a la que debería
aspirarse.
En este sentido se puede leer los poemas de
Plath (o cualquier poema) en analogía
con las experiencias imaginarias: como material
que no coloca un sujeto en una coordenada
fija articulada con los demás objetos
que la circundan, sino como sumatoria de elementos
que actualizan al unísono ese sujeto
problematizado como situación determinada
en un trayecto. Con lo que no importa tanto
de quién se trata, sino de qué
manera se articula en todos los elementos
evocados y qué tipo de experiencia
configura. Esa experiencia no le pertenece
a un nombre, al Poeta; es propiedad de todos
aquellos capaces de reapropiarse de eso que
es mera composición, problema eventual
que puede recontextualizarse llegado el caso.
Así, pueden leerse las poesías
de Sylvia Plath como distintas modulaciones
de la experiencia de lo femenino que estarían
participando en un medio conducido, como imagina
Deleuze en “Rizoma”, por principios
de apropiación, de subjetivación,
de los elementos disponibles como “herramientas”
(los libros como “gafas”) para
ver el mundo. El sujeto no vigila las palabras
desde otra instancia diferenciada, pasa a
construírse y ofrecerse con ellas.
Este uso de las palabras no se constituye
como utilitarista a la manera en que lo describe
Benjamin en “Sobre el lenguaje en general…”.
No se trata de seleccionar los mejores empleos
de la lengua por su eficacia, para obtener
mejores rendimientos comunicativos; al contrario,
se propone las “herramientas”
de la lengua para medirlas, confrontarlas,
a las situaciones existenciales en las que
se producen y, por lo tant,o su uso se vincula
a la proliferación, el despliegue de
la vida en la multiplicidad de sus situaciones.
Las “herramientas” como la posibilidad
abierta de experimentar una multiplicidad
de modulaciones, de formas, para mutar a través
de ellas, con ellas. Tanto Deleuze como Benjamin
ven en la multiplicidad de las lenguas un
“paraíso” de conocimiento,
de las potencias pendientes de exploración;
por eso conjuran la unidad, el lenguaje confinado
a una utilidad exterior, como ser, la transmisión
de información.
La multiplicidad también es el efecto
que produce la idea de Foucault de analizar
los sueños según su devenir,
con categorías como las espaciales
que contemplen la dimensión de puesta
en producción, de desarrollo de la
existencia al momento de interpretar los sueños.
Foucault propone como ejes para el análisis
un conjunto de oposiciones que “define
las dimensiones esenciales de la existencia”
. Con esto abre el análisis a otros
juegos de conceptos que también pretendan
efectuar el trabajo de interepretación.
Como en Benjamin y Deleuze se plantea una
estrategia para dar cuenta de fenómenos
múltiples, abiertos, como la lengua
o los recorridos existenciales, y lo que se
problematiza es la posibilidad de fijarlos
en esquemas de interpretación que presupongan
en ellos un sentido propio preexistente al
acto de interpretación, un sentido
de las palabras fijado antes de su participación
en un diálogo. Lo que responden estos
autores es que esto estaría condenado
a fracasar y que además constituiría
una negación de aspectos fundamentales
de aquello que se analiza: por diversos motivos
y concepciones tanto Focuault como Benjamin
ven en la proliferación de los elementos,
de lenguas, de juegos de coneptos, la mejor
manera de abordar sistemas complejos.
Volviendo a los poemas de Plath, podemos analizar
en ellos aspectos de este problema de la escritura
como complejidad abierta, no resuelta en un
sentido previo, y por eso problemática
respecto de los modos en que otros discursos
pueden entrar en contacto con ella, sean de
crítica o de traducción.
En “Autora mujer” el diseño
del espacio que transita la figura de la mujer
queda armado a través de series de
elementos. Se disparan asociaciones en sentidos
antagónicos: lo femenino estereotipado
se liga la decoración, a objetos estéticos
y hedonistas, lo delicado y refinado, en un
interior, en una casa, contra elementos que
oscurecen el cuadro, que proliferan en un
sentido de lo siniestro-amenazante. La topología
no consiste en límites fijos: el interior
que configura un espacio por signos de lo
femenino, se contamina con lo que lo asedia
desde afurera, incontenible. Así, la
primera estrofa del poema marca la presencia
de dos espacios separados: las lluvias más
alla de la ventana y, de este lado, la figura
femenina, “Favorecida”, que se
recuesta y saborea un bombón. En las
dos estrofas que siguen la armonía
se rompe. Justo a la mitad de la segunda,
irrumpen en el interior elementos de esta
serie de la amenaza: las “maldiciones
rechinantes”, las rosas “de invernadero”
que “despliegan floraciones inmortales”.
La experiencia sensorial adquiere extrañeza,
y se agudiza en la tercera estrofa con los
reflejos de “sangre a lo largo del manuscrito”,
y las “gardenias descomponiéndose
en una cripta”. Como en “Casa
tomada” de Cortázar, se trata
del relato de una invasión, quizás
aún más siniestra en éste
caso por brotar explícitamente del
interior. En la última estrofa la separación
entre los espacios del principio quedó
superada, y la figura femenina “retrocede”,
la ventana que la separaba de los ruidos ya
no surte efecto, y los gritos de la calle
cierran el poema.
Los signos de lo femenino que se mencionan
no remiten necesariamente a cierto imaginario
social, sino a lo que dentro del poema se
identifica como un espacio que es propio de
la figura/personaje femenina, desde el cual
ésta interactúa con el mundo:
“Recatada, de pecho rosa, femenina,
ella estimula / Caprichos de chocolate en
habitaciones empapeladas de rosa”. El
rosa como marca de lo femenino, y lo femenino
como modo de la experiencia ligado a los detalles,
los matices, la minuciosidad de las sensaciones.
También a la ensoñación,
la soledad, una vida vivida al márgen.
Pero, en todo caso, lo importante en esta
serie de marcas no reside en lo que tienen
de definitorio respecto a cierto imaginario,
sino en la manera en que se articulan con
la otra serie construída en la disolución,
la muerte, ese “perfume, dulce y enfermo”,
en el que deriva ese hábitat. Lo femenino
se produce en la articulación de las
series, en la imposibilidad a lo largo del
poema de sostener ese espacio que empieza
brindando protección y que progresivamente
se infiltra de elementos extraños hasta
devenir otra cosa. Lo femenino como precariedad,
experiencia amenazada. .
En los otros poemas se puede leer también
el mismo cruce de series, como modulaciones
distintas de la articulación, donde
las intensidades y los modos de presentarse
los elementos, los tipos de encuentros, determinan
otros modos de la experiencia, que se reconfiguran
en principio sin límite para su continuidad
más que el de la práctica de
la escritura. En “Canción de
Calle” la entrada a una carnicería
deriva en una experiencia truculenta en la
intensificación de la sangre y la carne
cortada en pedazos. Y en “El reclamo
de la Reina” la articulación
adopta la forma del gigante que se introduce
en la corte: formas en que se reactualiza
la situación existencial, su construcción
en los poemas. Las recombinaciones de elementos
diseñan situaciones diferentes, con
una potencialidad siempre presente de que
las series se extiendan en otros trayectos
en otros escenarios. La mutliplicidad de articulaciones
problematiza el análisis de estos materiales,
la lectura crítica, de manera análoga
a lo que sucede con el problema del sentido
y la traducción como lo presenta Benjamin
en “La tarea del traductor”. La
lectura de los poemas, y su traducción,
se confrontan ante materiales con los cuáles
al proponerse ciertas operaciones se puede
optar por un modelo de búsqueda de
cierta inmanencia, un sentido velado sobre
el cual trabajar, lo que llevaría a
una lucha por la legitimación de aquello
que se dice, por su pertinencia respecto de
premisas que lo varlorizan. Este sería
el camino que en “Rizoma” Deleuze
vincula a la ley de lo único, de los
ejes de coordenadas troncales en los que confluyen
todas las ramas en los esquemas arborescentes.
Sería también la noción
utilitaria de la lengua fijada en ciertos
procedimientos por conveniencias pragmáticas,
de cálculo de eficacia y ganancias.
Pero, dice Deleuze, este modelo no da cuenta
de vastos aspectos de los fenómenos
(“La naturaleza no se conduce así…”
). Se combate la mirada del mundo que se acerca
a su producción presuponiendo que ciertos
principios funcionan como ordenadores, supervisores,
reguladores de los elementos que participan
en él (sean libros, formas de vida,
de relaciones sociales, etc.) Por un lado,
porque el sujeto queda en ese caso reducido
al papel de reactualizador de ese orden o,
a lo sumo, puede llegar a erigirse en su descubridor
e intérprete. Realizado esto, sólo
resta para él y sus amigos convertirse
en guardianes de dicho estado de cosas (“de
las cosas del Estado”, diría
Evaristo, cantante de La Polla Records). Pero
además, esta forma de mirar, de conocer
el mundo también puede pensarse en
lo que tiene de ocultadora de la experiencia
de los sujetos respecto a aquello con lo que
entran en contacto en su paso por el mundo.
Foucault y Benjamin ponen esto en consideración
con sus reflexiones sobre la interpretación
de los sueños y el lenguaje. El primero,
pretendiendo que los sueños participen
de la vida de las personas más allá
de lo que puedan llegar a decir como símbolos
interpretados por el conocimento especialista
del psicoanálisis. Despojados de un
aparato teórico que los convierte sólo
en efectos de sí mismo, los sueños
vuelven a vincularse a la imaginación
como representación de situaciones
existenciales, que por definición son
fenómenos abiertos, en permanente evolución.
El sujeto reaparece en el sueño, porque
de hecho es él miso ese sueño
en su totalidad. Cuando Walter Benjamin propone
en “La tarea del traductor” que
la traducción no comunica, porque no
es intermediaria del lenguaje, lo hace, también,
para reafirmar cierta zona de la experiencia
del lenguaje; en este caso, la precariedad
y mutabilidad de las lenguas, su carácter
de extrañas entre sí debido
a la desaparición de la instancia de
traducibilidad que constituiría el
lenguaje puro. Entonces, la traducción,
entendida de acuerdo a esta propuesta, vuelve
a poner en juego las diferencias de las lenguas,
y la diferencia que la propia lengua se genera
a sí misma con el paso del tiempo.
Las reactualizaciones de estas lenguas, las
traducciones, son también reactualizaciones
de la existencia del hombre, de su experiencia
en el mundo, entendida en tanto producción
permanente de elaboraciones, operaciones de
lectura de sus sueños, sus lenguas,
etc. El trabajo de traducción como
lo propone Benjamin repone un horizonte ante
el cual se mueve el hombre, el lenguaje puro
que se entrevee en el tumulto de las lenguas.
De esta manera, se constituye la traducción,
así como también el modo de
interpretación que Foucault propone
para los sueños, en una práctica
que en sí misma pone a consideración,
en las condiciones de posibilidad que se imagina,
la eventualidad de un resto que no llega nunca
a entrar en juego, que no se agota en la interpretación
porque no deja de generarse a cada paso que
esta efectúa: ya sea el lenguaje puro
que se intenta derivar de la confrontación
de lenguas que no cesan de modificarse entre
sí, y de padecer el desgaste del tiempo
y la inventiva de las personas; o los sueños
que, entendidos como Foucault propone, cuando
son sometidos a la interpretación ya
han recorrido otra porción de su trayectoria,
y se tornan así inalcanzables como
–por arriesgar una imagen— se
tornaba inalcanzable para Aquiles la tortuga
a la que había dejado tomar cierta
ventaja en la fábula, o su versión
por Borges.
De acuerdo a esta concepción de Benjamin
de la traducción como un trabajo que
se realiza en función de las lenguas,
y en función de dejar entrever ese
lenguaje puro que aparecería cuando
se confrontan los modos diferentes que cada
lengua tiene para dar cuenta de distintos
fenómenos, la traducción se
compromete también con una multiplicidad
que se genera en este incesante movimiento
de recombinación de elementos. Por
eso su propuesta para la traducción
la toma a ésta como un trabajo sobre
las formas, donde el sentido ya no es aquello
con lo que hay que medir una eficacia, y donde
por lo tanto la tarea del traductor se centra
en recrear las estructuras que una lengua
arma de cierta manera, y que otra intentará
reconstruir con los elementos que tiene a
su disposición, y que difieren de la
primera. En esta concepción de la labor
del traductor, Benjamin le destina a éste
el lugar de un presentador de aquello que
realiza, un mago que en lugar de ocultar sus
juegos de manos los comparte con el público.
Porque la traducción para Benjamin
tiene como fin volver a poner a consideración
la situación de la lengua en el mundo,
y la situación de los hombres respecto
de sus respectivas lenguas, ya que cada traducción
les recuerda, les permite tomarse el trabajo
de recordar, que lo que hacen al reapropiarse
de ellas, al hablar y escribir, es parte de
un proceso siempre parcial e incompleto, además
de que esa exhibición en un texto de
traducción de otro texto es también
un modo de salir al cruce de los deseos de
instaurar criterios de unidad para las lenguas,
de entendimientos definitivos, como dice Benjamin
en “Sobre el lenguaje en general…”
acerca de lo que llama “teoría
burguesa de la lengua”.
Esta concepción de la multiplicidad
en funcionamiento constante también
puede tomarse como modo de lectura para los
poemas de Sylvia Plath que se analizan en
este trabajo, en el desarrollo de las series
de lo femenino y de aquello que lo coloca
en amenaza. Como ya dijimos los tres poemas
pueden leerse como distintos modos en que
estas series entran en articulación
configurando momentos, o mutaciones, de la
experiencia de lo femenino a través
de escenarios y fuerzas adversas que adquieren
formas diversas.
Para terminar vamos a analizar algunos casos
puntuales de problemas de la traducción
en los poemas traducidos de Sylvia Plath.
En “Autora mujer” en el verso
4, traduje “prueba” por “nibbles”
ya que la opción “mordisquea”,
que sería más literal dispara
asociaciones hacia un comportamiento animal,
o descuidado, que no es como se presenta el
original. Tampoco “muerde” se
ajusta al tipo de descripción que se
viene haciendo. “prueba” mantiene
el sentido de un acto delicado, cuidadoso,
y lo prefiero aunque pierda el sentido de
“mordisco” (en inglés existen
parlabras con distintos matices para el acto
de morder (to bite, to chew, to nibble) que
no se dan en el castellano).
En el verso 5 traduje “Recatada”
por “Prim” ya que mantiene el
sentido de prolijidad y formalidad.
En los versos 5 y 6 traduje “…
she nurses / Chocolate fancies” por
“… ella estimula / Caprichos de
chocolate” ya que no existe un equivalente
en castellano del término “nurses”,
que se refiere específicamente al cuidado
de una mujer por un niño, y al amamantamiento;
y “estimula” remite al cuidado
que se le brinda a un niño, y sugiere
proyecciones a futuro, como acción
sostenida que espera una recompensa posterior.
Traduje “caprichos” por “fancies”
para mantener el sentido que creo que está
más comprometido en este contexto,
que es el del deseo arbitrario, aunque en
castellano se pierde la relación con
la palabra fantasía. De cualquier modo
hubiera sido correcta la elección de
“Fantasías de chocolate…”,
ya que en inglés “fancy”
remite por igual a “fantasía”
y “capricho”.
En el verso 7 traduje “cómodas”
por “highboys” aunque se pierde
la especificidad del término.
En el verso 9 traduje “She muses…”
por “Ella se sumerge…” ya
que corresponde con el “perfume”
que le sigue, y mantiene el sentido de un
pensamiento que se abstrae del mundo, aunque
a la vez pierde el matiz de sorpresa ante
algún fenómeno.
Por último, en el verso 12 en la traducción
decidí agregar el artículo de
“los chicos” para poder mantener
el “retrocede” por “retreats”
en el verso anterior, y darle consistencia
a la frase sin tener que cambiar de preposición.
Si dijera “…retrocede / De grises
rostros de niños que gritan en las
calles”, creo que aparecería
una extrañeza que no tiene el original;
esto podría solucionarse reemplazando
por “Ante grises rostros de niños…”,
pero creo que se altera menos la forma de
la frase agregando el “los”: “…
retrocede / de los grises rostros de niños
que gritan en las calles”. De esta manera
se evita el “Ante” que agrega
un sentido más causal y explicativo
del que considero tiene el verso.
El poema “El reclamo de
la Reina” presenta como dificultad más
notoria ciertos verbos altamente específicos
que son difíciles de traducir al castellano.
Estos son “to quibble” (v. 1),
“to hulk” (v. 2), “to stalk
[in]” (v. 5), “to ramp [through]”
(v. 6).
“to quibble” se refiere a conversaciones
sin importancia, más específicamente
en relación a argumentos y objeciones
banales. Lo traduje como “vanas charlas”,
ya que no econtré un término
que pudiera reemplazarlo. También en
ese primer verso, traduje “ruck”
como “sofisterías” para
dar la idea de un aglomeramiento de personas
secundarias y dedicadas a cosas sin importancia.
“ruck” se refiere más concretamente
a “segundones”, o “vulgo”,
y ese tono despectivo creo que queda contemplado
entre “sofisterías” y “vanas
charlas”.
El resto de los verbos, “to hulk”
(v. 2), “to stalk [in]” (v. 5),
“to ramp [through]” (v. 6), presenta
modos caracterísitcos de agresión
y ejercicio de la violencia. Esto se corresponde
con lo que analicé anteriormente, sobre
la cosntrucción en los poemas de Plath
de un espacio amenazado. “to hulk”
lo traduje como irrumpir aunque en inglés
se le agrega el sentido de movimiento lento
y pesado, propio de un gigante. “to
stalk [in]” (v. 5) lo traduje como “entró”
aunque en inglés se le suma un matiz
de belicosidad. No me parece que sea excesiva
la perdida en estos casos, si se tiene en
cuenta que la figura del gigante y el desarrollo
de la hitoria exponen su comportamiento violento.
Con “irrumpió” y “entró”
se cumple con la función narrativa
a la que tiende en buena medida el poema,
que quizás se entorpecería si
se emplearan términos más específicos
para reemplazarlos.
El verbo “to ramp [through]” (v.
6) lo traduje a través de la frase
“… él recorrio amenazante”,
ya que nuevamente “to ramp” es
un tipo de acción específica
que significa avanzar agitando los brazos
en señal de pelea.
En el verso 5 decidí traducir la expresión
de sorpresa “Why…” del inicio,
utilizando en su lugar signos de exclamación,
por no hallar un término que funcionara
análogamente en castellano.
En dos puntos del poema me pareció
adecuado que la sintaxis de la lengua de llegada
generara extrañeza derivada de la forma
del inglés. En el último verso,
cuando dice “…. reducido tan pequeño,
tan pequeño”, creo que es mejor
mantener la traducción de cada palabra
aunque combinadas no suenen con naturalidad,
ya que esto atrae la atención del lector
en el fenómeno en sí de la escritura
y del hecho de que se está leyendo
una traducción. En los versos 18-19
la traducción (“Cuya fuerza pudiera
ajustarse / Forma de su sueño, su pensamiento—)
repone la extrañeza que se halla presente
en el orginal debido al empleo del verbo “Fit”
sin preposición (ej: “fit to
the desires”, “adecuarse a los
deseos”).
Por último en “Canción
de calle”, quisiera marcar varias construcciones
que me pareció también correcto
traducir manteniendo cierta extrañeza,
generándola en la lengua de llegada
para dar cuenta de la imposibilidad de una
transmisión exacta de los significados.
Preferí traducir el título como
“Canción de calle” para
evitar “Canción callejera”
o “Canción de la calle”
que remiten, me parece, a connotaciones de
marginalidad que no es lo que sugiere el original.
Los útlimos versos de la primera estrofa
(v. 8-10) se presentan con una relación
incierta con el hilo de la descripción
que los precede. Me pareció bien traducir
“hung” por “que cuelgan”
en lugar de utilizar el participio “colgadas”
para no repetir con los participios que siguen.
En el verso 21 (“Incluso mientras cada
terminación nerviosa mía destrozada”)
preferí esta sintaxis a una posibilidad
más “correcta” como: “Incluso
mientras cada una de mis destrozadas terminaciones
nerviosas”), ya que en el original también
se lee cierta extrañeza .
Por último, en el verso 22 uso “dosificar”
en lugar de “trill”. El verbo
en inglés se refiere a la acción
de fluir de manera entrecortada, que puede
implicar también cierta administración
de ese fluir, y que se emplea para describir
el sonido vibratorio de algunos instrumentos
musicales. El sentido musical del término
se pierde en la traducción, pero con
el verbo dosificar mi intención es
reponer algo de la extrañeza que aportaba
el uso de un término proviniente de
un campo semántico específico
como el del lenguaje musical, en este caso
por uno del lenguaje médico-terapéutico
para recuperar el sentido de flujo entrecortado.
BIBLIOGRAFÍA
Benjamin, Walter, « Sobre el lenguaje
en general y sobre el lenguaje de los hombres
», en Sobre el programa de la filosofía
futura.
Benjamin, Walter, “La
tarea del traductor”, en Angelus Novus,
Edhasa, 1971.
Deleuze, Gilles y Guattari,
Félix, “Rizoma” en Rizoma,
Ediciones Coyoacán, México,
1994.
Foucault, Michel, « Introducción
a Le Reve et L´existence de Binswanger
», en Entre filosofía y literatura.
Obras esenciales, Volumen 1., París,
1954.
Apéndice traducciones
de poemas de Sylvia Plath
Female Author
All day she plays at chess with the bones
of the world:
Favored (while suddenly the rains begin
Beyond the window) she lies on cushions curled
And nibbles an occasional bonbon of sin.
Prim, pink-breasted, feminine, she nurses
Chocolate fancies in rose-papered rooms
Where polished higboys whisper creaking curses
And hothouse roses shed immortal blooms.
The garnets on her fingers twinkle quick
And blood reflects across the manuscript;
She muses on the odor, sweet and sick,
Of festering gardenias in a crypt,
And lost in subtle metaphor, retreats
From gray child faces crying in the streets
Autora mujer
Todo el día juega al
ajededrez con los huesos del mundo:
Favorecida (mientras de pronto las lluvias
comienzan
más allá de la ventana) ella
se acuesta sobre almohadones doblada
Y prueba un ocasional bombón de pecado.
Recatada, de pecho rosa, femenina,
ella estimula
Caprichos de chocolate en habitaciones empapeladas
de rosa
Donde cómodas pulidas murmuran maldiciones
rechinantes
Y rosas de invernadero despliegan floraciones
inmortales.
Los granates en sus dedos parpadean
veloces
Y se refleja sangre a lo largo del manuscrito;
Ella se sumerge en el perfume, dulce y enfermo,
De gardenias descomponiéndose en una
cripta,
Y perdida en una sutil metáfora,
retrocede
de los grises rostros de niños que
gritan en las calles.
The Queen's Complaint
In ruck and quibble of courtfolk
This giant hulked, I tell you, on her scene
With hands like derricks,
Looks fierce and black as rooks;
Why, all the windows broke when he stalked
in.
Her dainty acres he ramped through
And used her gentle doves with manners rude;
I do not know
What fury urged him slay
Her antelope who meant him naught but good.
She spoke most chiding in his ear
Till he some pity took upon her crying;
Of rich attire
He made her shoulders bare
And solaced her, but quit her at cock's crowing.
A hundred heralds she sent out
To summon in her slight all doughty men
Whose force might fit
Shape of her sleep, her thought-
None of that greenhorn lot matched her bright
crown.
So she is come to this rare pass
Whereby she treks in blood through sun and
squall
And sings you thus :
'How sad, alas, it is
To see my people shrunk so small, so small.
El reclamo de la Reina
En sofisterías y vanas
charlas de cortesanos
Este gigante irrumpió, te digo, en
su escena
Con manos como grúas,
Luce feroz y negro como torres de ajedrez;
¡Y todas las ventanas se rompieron cuando
él entró!
Sus exquisitos campos él
recorrió amenazante
Y trató a sus amables palomas con rudos
modales;
Yo no sé
qué furia le hizo acuchillar
a su antílope que nada pretendía
para él salvo el bien.
Ella le habló al oído
con gran reproche
hasta que él se compadeció un
poco de su lamento;
De los ricos atavíos
Sus hombros él desnudó
Y la consoló, pero la dejó con
el canto del gallo.
Un centenar de heraldos envió
ella
a que le traigan en su indefensión
todos hombres temerarios
Cuya fuerza pudiera ajustarse
Forma de su sueño, su pensamiento—
Ninguno de ese lote de novatos satisfizo su
brillante corona.
Entonces ella llega a este raro
paso
Por donde avanza en sangre a través
de sol y tempestad
Y te canta así:
“Cuan triste, ¡ay!, es
ver a mi pueblo reducido tan pequeño,
tan pequeño…”
Street Song
By a mad miracle I go intact
among the common rout
thronging sidewalk, street,
and bickering shops;
nobody blinks a lid, gapes,
or cries that this raw flesh
reeks of the butcher's cleaver,
its heart and guts hung hooked
and bloodied as a cow's split frame
parceled out by white-jacketed assassins.
Oh no, for I strut it clever
as a greenly escaped idiot,
buying wine, bread,
yellow-casqued chrysanthemums --
amring myself with the most reasonable items
to ward off, at all cost, suspicions
roused by thorned hands, feet, head,
and that great wound
squandering red
from the flayed side.
Even as my each mangled nerve-end
trills its hurt out
above pitch of pedestrian ear,
so, perhaps I, knelled dumb by your absence,
alone can hear
sun's parched scream,
every downfall and crash
of gutted star,
and, more daft than any goose,
this cracked world's incessant gabble and
hiss.
Canción de calle
Por un loco milagro yo voy intacta
entre el tumulto cotidiano
que desborda la vereda, la calle,
y los negocios donde regatean;
nadie pestañea, bosteza
o grita que esta carne cruda
emana de la sierra del carnicero,
su corazón y entrañas que cuelgan
enganchadas
y ensangrentadas como un esqueleto de vaca
cortado
separado en pedazos por asesinos de delantal
blanco.
Oh no, pues lo exhibo inteligente
como un idiota fugado antes de tiempo,
que compra vino, pan,
crisantemos de cofia amarilla—
armándome con los artículos
más razonables,
para despejar, a cualquier costo, sospechas
generadas por espinosas manos, pies, cabeza,
y esa gran herida
derrochando rojo
por el costado desollado.
Incluso mientras cada terminación
nerviosa mía destrozada
dosifica* su dolor
por encima de notas de oído pedestre,
entonces, quizás yo, llamada a silencio
por tu ausencia,
sola pueda escuchar
el alarido reseco del sol,
cada caída y estrépito
de estrella acanalada,
y, más delirante que cualquier ganso,
este incesante, desquiciado vociferar y silbar
del mundo.
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