Seminario
de poesía y traducción
Prof. Delfina Muschietti
Alumna: Marina Mariasch
Introducción
La traducción podría
ser pensada como el producto de una ecuación.
Una operación en la que sus términos
se combinan para tenerla como producto,
y donde el texto original (escrito en la
lengua de origen) es procesado por un traductor
(en su lengua final), dando por resultado
al texto traducido.
Pero, ¿qué ocurre si el texto
de origen y el texto final, la traducción,
comparten la misma lengua? ¿Y si,
además, el texto de origen no es
un poema, un relato o una novela, no es
una unidad textual, sino una materia, el
texto de una obra? ¿Podríamos
seguir hablándo de traducción
en estos casos? Tal vez, deberíamos
hablar, en cambio, de reescritura. Y pensar
en una “influencia”, como lo
hace Harold Bloom. En este caso, y tomando
como corpus a analizar determinados poemas
de Ted Hughes y otros de Sylvia Plath, creo
que no se trata de una influencia en el
sentido en el que Bloom las define. Creo
que es más acertado –o en todo
caso, más arriesgado pero más
exacto- leer a los poemas de Birthday Letters
de Ted Huges como una reescritura de la
poesía de Sylvia Plath. En este libro,
lo relevante no es tanto lo desviado de
la lectura, aquello que la hace singular
y única, respecto de su padre textual
(como en la teoría de las influencias
de Bloom), sino, como dice Benjamin para
las traducciones, el “eco” del
texto original. Además, como señala
este autor, si bien después de Babel
no hay ninguna lengua capaz de articular
la armonía del lenguaje divino, traducir
idiomas permite aproximarse, volver tangible
la existencia de esa lengua pura, universal.
Y, a su vez la posibilidad de la traducción
está garantizada por esta presencia.
Entonces, la traducción no debe ser
la transmisión de significados por
equivalencias, sino la confrontación
entre materialidades de lenguas. Y en ese
sentido, creo que es posible pensar a las
Cartas de cumpleaños como una traducción
de los poemas de Sylvia Plath.
Si pensáramos, en términos
de Bloom, en Plath como el poeta precursor
y en Hughes como el poeta posterior, podemos
observar que, de los seis movimientos que
este autor propone para una mala lectura
–y por ende, una escritura nueva-,
sólo se cumple entre los dos poetas
el último de los movimientos. Los
cinco primeros (clinamen, tésera,
kenosis, demonización y ascesis)
implican, de distintas maneras, un alejamiento,
un rechazo o una desviación respecto
del poeta de origen. En Hughes –siempre
refiriéndonos específiamente
a sus Birthday Letters- la entrega es total.
El sexto movimiento del que habla Bloom,
que denomina apofrades, “que es el
retorno de los muertos; [cuando] los muertos
regresaban a habitar las casas en las que
habían vivido” , creo que sí
puede ser pensado para este caso. Las Cartas
de cumpleaños de Hughes realizan
un vuelco completo hacia la poesía
de Plath. Vuelven a una casa que no les
es propia pero que conocen bien.
180° de correspondencia
Al leer las Cartas de cumpleaños,
se pone en evidencia aquello que Bloom define
para el sexto movimiento: “El poeta
posterior, en su propia fase final, ya aplastado
por una soledad imaginativa que es casi
un solipsismo, mantiene su poema una vez
más tan abierto a la obra del precursor
que, al principio podríamos pensar
que la rueda ha dado una vuelta completa
y que nos encontramos de nuevo en el período
de inundado aprendizaje del poeta posterior....”
En el poema “Moonwalk” (Caminata
lunar) encontramos un ejemplo de cómo
las cartas de Hughes se impregnan de la
escritura de Plath, casi confundiéndose:
Un pedazo brillante de luna.
La colina sin color
bajo la luz polarizada.
Como un día empujado hacia fuera.
Todo
en negativo. Tu máscara
desierta como hierro cortado, una media-balva
descascara la luna. Alarmante
y enojada luna-diablo, aquí en algún
lado.
La mujer del Marinero Anciano, muerta en
vida,
directo desde la incandescencia afiebrada
del mar
tirando dados en blanco y negro.
Un sarraceno del mar que luce cruel.
Y tus palabras
como pedacitos de escarabajos y arañas
arqueadas por búhos. Fluorescentes,
azul-negro, salpicadas. Calaveras de murciélago.
Un día,
/pensé,
voy a entender este egipcio de tumba,
este hablar en lenguas a una luna-hongo.
Nunca despiertes a un sonámbulo.
Deja que la culpa
se choque con los olivos.
[...]
La elección de este
poema es casi azarosa: quien conozca la
obra de Plath podría pensar en éste
como un poema suyo o, en una lectura más
aguda, percibir el notable parentesco entre
ambas. Este parentesco está dado
en los principios básicos de la composición
poética, el ritmo y la rima. Las
elecciones léxicas y la cosmogonía
de las imágenes también coincide.
Pensemos, para ilustrar, en los versos de
“Elm” (Olmo), el poema de Sylvia
Plath:
Yo conozco el fondo, dice
ella. Lo conozco con mi gran raíz
perforada:
es lo que temes.
Yo no le temo: estuve allí.
¿Es el mar lo que oyes
en mí,
sus insatisfacciones?
¿O la voz de nada, que era tu locura?
El amor es una sombra.
Cómo te echas y lloras tras él
esucha: estos son sus cascos: se disparó,
como un caballo.
Toda la noche galoparé
entonces, impetuosamente,
hasta que tu cabeza sea una piedra, tu almohada
un pequeño turf,
retumbando, retumbando.
¿O debo traerte el
sonido de los venenos?
Esto es lluvia ahora, esta gran queitud.
Y este es su fruto: blanco-lata, como arsénico.
He sufrido la atrocidad de
los atardeceres.
Chamuscados hasta la raíz
mis filamentos rojos arden y resisten, una
mano de alambres.
Ahora me rompo en pedazos
que vuelan como clavas.
Un viento de tal violencia
no tolerará espectadores: debo aullar.
La luna, también, es
impiadosa: me arrastraría
cruelmente, siendo estéril.
Su radiación me hiere. O quizás
yo la atrapé a ella.
La dejo ir. La dejo ir
disminuída y aplastada, como luego
de una cirugía radical.
Cómo me poseen tus malos sueños
y me dotan.
Estoy habitada por un grito.
Cada noche sale y se agita
buscando, con sus garras, algo para amar.
Me aterra esta cosa oscura
que duerme en mí;
todo el día siento sus suaves, emplumados
giros, su malignidad.
Nubes pasan y se dispersan.
¿Son ésos los rostros del
amor, esos pálidos irremediables?
¿Por cosas así se agita mi
corazón?
Soy inacapaz de más
conocimiento.
Qué es esto, este rostro
tan asesino en su estrangulamiento de ramas?:
Sus ácidos serpenteantes
silban.
Petrifica la voluntad. Estas son las aisladas,
lentas faltas
que matan, que matan, que matan.
En estos dos poemas, la noche
y el mar, que definen un tono de luz y color
(“azul-negro”), aparecen como
espacios abismales donde los sujetos se
desdibujan, casi como fantasmas. También
se repite la referencia a la voz, a las
palabras de un tú con ribetes siniestros
(“la voz de nada, que era tu locura”;
“tus palabras/ como pedacitos de escarabajos
y arañas”). En ambos textos
se observa el uso de palabras compuestas:
“luna-diablo”, “luna-hongo”,
“blanco-lata”), la misma aparición
de la luna, y de partes de fieras animales
o insectos (“garras”, “bhúo”).
Las coincidencias son varias.
Sin embargo, establecer un paralelismo entre
estos dos poemas elegidos casi de manera
arbitraria, resulta una tarea que lleva
a uan lectura algo esquemática. Lo
que intento verificar es el modo en que
los recursos recién nombrados y otros,
correspondientes a distintos niveles de
análisis, tienen lugar en poemas
de Plath así como en las Cartas de
cumpleaños.
En otros textos de Hughes y Plath se evidencia
del mismo modo el perentesco fundado en
ciertos elementos que caracterizan a la
poesía de la última. Podemos
pensar, entre otros puntos en común,
en esa presencia tan fuerte de una primera
persona que se cuestiona su lugar presente,
y que apela a un pensamiento que la lleve
a otro lugar y a otro tiempo (“Un
día, pensé, voy a entender
este egipcio de tumba”, o “Un
día obtendré mi muerte de
él”, de “Pursuit”
).
Otro signo que caracteriza muchos poemas
de Plath y que brinda una particular musicalidad
a sus textos es el recurso a la repetición:
(“You do not do, you do not do”
, en “Daddy”; “que matan,
que matan, que matan”, del citado
“Elm”; “...qué
haría,/ haría, haría
él sin mí?”, de “The
Jailer” ). Este recurso también
es tomado por Huges en sus Cartas de cumpleaños:
“Too many Alphas. Too much Alpha.
Sunstruck/ With Alpha. Eye-sick,/ Head-sick,
sick sick sick O” , o en “Of
Mummy Daddy Mummy Daddy-/ Daddy Daddy Daddy
Daddy/ Mummy Mummy” .
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